El Realismo fue un movimiento artístico y literario cuyo
propósito fue la representación objetiva de la realidad basada en la
observación de los aspectos cotidianos que brindaba la vida de la época. Esta
contemporaneidad facilitó a los artistas un amplio campo de representación
entre 1840 y 1880.
La aparición y desarrollo del Realismo fue fruto de la
agitada situación política francesa desde la proclamación de la República, en
1848, hasta el advenimiento de la Comuna de París. Es a lo largo de estos años
cuando surgen los movimientos obreros y proletarios que inspiran nuevos
sentimientos sociales y nuevas ideas políticas.
Este Realismo comenzará como movimiento reivindicativo: la
representación del pueblo sin idealismo. El desarrollo del Realismo estuvo
también vinculado a los avances tecnológicos de la Segunda Revolución
Industrial: ferrocarril, teléfono, telégrafo…
En estos mismos años se elaboraba la filosofía positivista
de Compte para afrontar la realidad directamente con las armas de la razón,
para someterla a sus leyes. La pintura realista tendría en común con la
filosofía positivista su interés por la observación meticulosa.
El Realismo se caracterizó por su afán de veracidad, al
retratar campesinos o trabajadores; su contemporaneidad, al sostener que el
único tema válido para el artista era el mundo coetáneo; su compromiso social,
al abordar temas que hasta entonces se habían ignorado, en estrecha conexión
con la literatura y su variedad de temas: intimistas, familiares, reuniones al
aire libre, paisajes rurales y urbanos.
Es entonces cuando el realismo introduce sensaciones de
vitalidad, instantaneidad y nuevos enfoques, aproximándose así a la fotografía.
Estos aspectos serán retomados por el Impresionismo.
El realismo alcanzó especial desarrollo en Francia y tuvo en
Courbet, Millet y Daumier a sus grandes figuras.
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