Madame Bovary, la obra maestra de Gustave Flaubert, todavía despierta interés en la actualidad. La figura de Emma Bovary, convertida en un personaje arquetípico de la literatura y el cine, sigue vigente como símbolo de la insatisfacción vital de la clase media y de la mujer inconformista que no se resigna a llevar una existencia rutinaria y monótona dentro de los límites impuestos por la sociedad patriarcal. Madame Bovary es víctima de un sistema que penaliza la emancipación de la mujer y la castiga psicológicamente hasta llevarla al suicidio.
Es también un símbolo feminista. La repercusión social de la obra se tradujo en que el personaje fuese adoptado por el movimiento feminista como símbolo del despertar de la conciencia femenina (por mucho que la lucha de Emma Bovary fuera individual e instintiva).
Para construir a su heroína, Flaubert se inspiró en la historia real de Delphine Delamare, la segunda esposa de un médico rural de Normandía, conocido de los padres del escritor. Delphine se suicidó a los veintiséis años, después de acumular deudas y amantes, dejando huérfana a su hija de seis años.
La de Madame Bovary es también una obra de rico trasfondo histórico, una novela por cuyas páginas resuenan las tensiones políticas y sociales de su época. Flaubert empezó a escribirla en 1851, coincidiendo con la caída de la Segunda República y la instauración del Segundo Imperio por Napoleón III.
Aunque el escritor nunca llegó a comprometerse políticamente con la sociedad de su tiempo, como sí hicieron Victor Hugo (diputado durante la Segunda República) o Émile Zola (que se implicó en el caso Dreyfus), en su novela se puede observar una crítica directa a la burguesía, un ataque frontal a un estamento que salió fortalecido de la Revolución de 1848 (levantamiento que, como Marx en su famoso ensayo El 18 Brumario de Luis Bonaparte, siempre criticó Flaubert) y que acabó beneficiándose del posterior golpe de Estado bonapartista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario